domingo 7 de febrero de 2010

Dolor de cabeza, dolor de corazón


Me ha parecido tan interesante esta entrada del blog de Punset que no he podido por menos que hacerle un huequito en el mío.
Nos preocupamos por si los demás tienen elementos físicos que garanticen la supervivencia... pero qué hay de esos elementos psicológicos que necesitamos para ser felices??
Menos mal que alguien como Punset no solamente habla de esto, sino que lo fundamenta con una base científica. Para los escépticos...

Importa más el impacto de los sentimientos abstractos que los físicos y concretos de la sed o el hambre. Los dolores causados por motivos sociales –como un desamor– o los placeres de igual naturaleza –como aprobar una oposición– activan idénticos circuitos cerebrales que los estímulos fisiológicos, básicos para sobrevivir, como la práctica del sexo.
Se está confirmando, pues, una sospecha que teníamos muy pocos en el sentido de que el cerebro trata con la misma deferencia o indiferencia, según se mire, experiencias sociales y abstractas como una falta de reconocimiento social y conductas físicas tan concretas como saciar el hambre o morir de sed.
Lo que está sugiriendo la ciencia, ni más ni menos, es que el mundo de los sentimientos y la historia del pensamiento inciden en el corazón de la gente en no menor medida que una hambruna o el calentamiento global. ¿Entonces por qué nos ocupamos menos de los primeros que de los segundos?

Y, si eso es cierto –y ya no puede negarse que forma parte del pequeño y modesto acervo científico–, deberían matizarse muchas de nuestras convicciones o, cuando menos, alterar lo que yo llamo nuestra “estrategia de compromisos”. No es seguro, por ejemplo, que nuestra supervivencia dependa en mayor medida del famoso cambio climático que de nuestro reconocimiento individual por el resto de la sociedad; de saber, en definitiva, si me odian o me aman.
s mucho menos probable de lo que se creía hasta ahora que nuestras necesidades fisiológicas revistan un grado de urgencia mayor que nuestros sentimientos. A ver si ahora resulta que dar dinero para combatir el sida o la malaria activa el llamado “circuito cerebral de recompensa” en mayor medida que recibir la misma cantidad de dinero para colmar necesidades personales. (Confidencialmente, les confieso a mis queridos lectores que también esto ha sido comprobado en experimentos apoyados en resonancias magnéticas funcionales, aunque recomendaría no divulgarlo todavía para no soliviantar excesivamente a los incrédulos y psicópatas a quienes cuesta admitir o sentir el dolor ajeno.)

El misterio no desvelado todavía es por qué el cerebro trata igual la necesidad afectiva que la física. Todo el mundo entiende que la falta de alimentos y de agua o las temperaturas extremas causan dolor. Pero ¿por qué utiliza el cerebro el mismo sistema neurológico para abordar privaciones y recompensas físicas que privaciones y recompensas morales?
Un equipo de científicos liderado por H. Takahashi de la Universidad de California, en Los Ángeles, sugiere que existen razones evolutivas de supervivencia de la especie que explicarían dicho comportamiento. En los mamíferos –y muy particularmente en los humanos– es muy elevada la dependencia de los recién nacidos, que llegan al mundo desprovistos de los mecanismos necesarios para sobrevivir por su cuenta. El precio pagado por disfrutar de una inteligencia mayor que el resto de los mamíferos cuando se es adulto implica dedicar los siete primeros años de la vida al aprendizaje y a formar la imaginación, en régimen de todo cubierto, por supuesto, incluidos los gastos sanitarios.

Sin la dedicación de un cuidado específico, que sólo puede dimanar de sentimientos y afectos sociales, ningún recién nacido podría sobrevivir. En este sentido, los sentimientos sociales preceden la cobertura de las necesidades físicas y concretas, como dar de comer, calmar la sed o proporcionar la temperatura adecuada. Es muy discutible que sin esos sentimientos sociales pudiera darse luego la compensación física necesaria para sobrevivir. El cerebro acierta en dar a los primeros la misma prioridad que a la segunda. Esta vez, la evolución optó por la alternativa adecuada. Ahora, sólo hace falta que todos nosotros nos comportemos de igual manera. Por lo menos, durante 2010.

(Eduardo Punset)

viernes 5 de febrero de 2010

All things must pass


Ayer terminé un proyecto de trabajo que me ha tenido entretenida desde Octubre. En realidad no lo hemos terminado porque tenemos previsto hacer una nueva fase en primavera, pero lo cierto es que el grueso del proyecto ha sido terminado, el resto en principio serán acciones de seguimiento que entiendo que llevarán menos tiempo y energía (o no).
Gracias a este cliente he estado dos semanas en Londres, he practicado mi inglés, he aprendido muchisimo sobre productos financieros y he entrenado la inteligencia emocional. He trabajado un montón, he sufrido algo, he disfrutado, me he reido y al final me he quedado con esa agradable sensación de "prueba superada".

Cuando uno termina un proyecto hay dos emociones básicas que intervienen: una de ellas la de alegría y descanso por haberlo finalizado con éxito. La otra es el vértigo por, de nuevo, tener un folio en blanco frente a mí.

Supongo que es algo normal cuando no trabajas dentro de una empresa, pero a veces la sensación de estar constantemente empezando y terminado es algo cansada.

Ayer, mientras todo el equipo del proyecto disfrutábamos de una estupenda cena, detrás de las risas yo sentía una cierta tristeza por el cese (aunque sea temporal) del trabajo con un equipo con el que me he sentido maravillosamente bien, que ha potenciado mi iniciativa y que me ha dado su confianza para liderar este proyecto.

De nuevo, como en tantos otros momentos, me siento con un bloc en blanco delante de mí. Un bloc en el que se anotan cosas y se pasan páginas, como en la vida. Y pensaba que quizás ahora fuese el momento de parar en alguno de los capítulos.

Y recordaba, mientras brindábamos por la nueva fase, esta maravillosa y algo melancólica canción de Harrison que dice aquello de:

All things must pass
All things must pass away



jueves 4 de febrero de 2010

Malos sueños


Llevo durmiendo mal unos días. Y no solo es que duerma mal, sino que además tengo malos sueños. Sueños que me incomodan, que me despiertan antes de tiempo, que me impiden descansar, que me inquietan, me desasosiegan y me hacen sentir mal.

Mi amigo Carlos dice que tengo que dejar que algo se vaya. Puede que sea así. Y lo más importante sería saber qué es lo que quiero que se vaya... He de admitir que tengo algunas pistas, pero la verdad es que tampoco tengo muy claro como han de ser los procesos de dejar que algo se vaya sin actuar para ello... se irán las cosas, los pensamientos, las emociones de forma espontánea? tendré que ayudar yo? simplemente un día me dejaré caer en la cama y como ese espíritu que salía del cuerpo en ghost todo aquello que me hace sentir desasosegada me dejará?

La verdad es que es un tema que me preocupa, sobre todo porque la falta de sueño me provoca cansancio, me baja los niveles de energía y me hace tener pérdidas de memoria ( y teniendo en cuenta la poca memoria base que tengo, esto me va fatal...)

Esta noche, intentando conciliar el sueño solo recordaba una cosa: el maravilloso poema de Santa Teresa de Jesús que la protagonista de una de las últimas novelas que leí recitaba como una letanía:

Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta


Y la verdad es que estar a las cuatro de la mañana teniendo como letanía un poema de Santa Teresa, por muy maravilloso que sea, no es lo ideal... aunque bien pensado lo mismo es un mensaje de mi subconsciente... Voy a ver si lo pienso un rato...

martes 2 de febrero de 2010

El día de la marmota



Una vez estuve en las islas vírgenes, conocí a una chica, comimos langosta, bebimos piña colada, al ponerse el sol hicimos el amor como nutrias marinas. Aquel sí que fue un día bastante bueno, ¿por qué no puedo tener aquel día otra vez, y otra y otra?

Hoy, 2 de Febrero es el día de la marmota. En Punxsutawney (Pensylvania) observarán si la marmota Phil mira su sombra (en cuyo caso tendremos 6 semanas más de invierno) o no.

Yo desde aquí voy a mandarle toda mi energía para que deje de mirar su sombra y llegue le primavera.... ya!!!

Buenos y fríos días mundo!!!

miércoles 27 de enero de 2010

La reina bruja de Nueva Orleans


Marie Laveau, (* 10 de septiembre de 1801 - 16 de junio de 1881) fue una mujer afroestadounidense, practicante del Vudú de renombre, en Nueva Orleáns.

Marie Laveau nació en 1794 en el Barrio Francés (Nueva Orleans), hija del rico hacendado blanco Charles Laveau y de la mulata Darcental Marguetto. Era una joven de belleza impresionante, de pelo negro, piel morena y ojos de mirada penetrante. Le gustaba cubrir sus cabellos con un casquete hecho de tela de colores brillantes. Se casó con un negro libre, Jacques Paris, emigrado de Haití, y como ambos eran católicos lo hicieron en la catedral de Saint Louis.

Pero al mismo tiempo, se dice que ambos practicaban el vudú y otras hechicerías.

Jacques Paris fallece en 1820 bajo circunstancias no aclaradas. Fue parte de una gran inmigración haitiana a Nueva Orleans, en 1809, luego de la Revolución Haitiana de 1804. Esos inmigrantes eran tanto blancos de habla francesa, y miles de esclavos, y también algunos negros libres.

A Marie le gustaba decir que era la Viuda Paris.

Y entonces, abiertamente, comenzó a practicar el vudú y logró atraer a su grupo de influencia a muchas mujeres blancas y ricas de Nueva Orleáns. Su poder y su fama crecieron, y poco después se unió a Louis Christopher Duminy, quien también murió en forma misteriosa.

En 1830 se le proclamó Reina del Vudú en Nueva Orleáns, y ejerció su poder sobre todos hasta 1835 en que falleció, a los 66 años de edad. En cambio, otros registros oficiales de Nueva Orleans de defundiones, una Marie Glapion Lavau fallece el 15 de junio de 1881, a los 98. Su tumba se encuentra en el cementerio de San Luis de Nueva Orléans, y es visitada por muchos fieles.

Hace unos años, cuando estuve en Nueva Orleans, tuve la oportunidad de ir a visitar la casa de la reina bruja . Uno de esos sitios en los que se siente algo especial. Un pasillo largo y estrecho, decorado con cuadros, hacía las funciones de distribuidor hacia las habitaciones. En una de ellas, altares llenos de objetos que los visitantes habían dejado. Me llamó la atención que hubiera horquillas, pañuelos e incluso tampax.
Las otras habitaciones parecen chamarilerías. En una de ellas, una biblia abierta descansa sobre un reclinatorio. Hay profusión de cruces, como si la fusión con la religión fuera necesaria. Hay fotos de Marie y de su hija. Si no se supiera su historia parecerían unas de esas vendedoras del street market de Nassau.

Antes de terminar, abro una puerta medio entornada. En ella solo hay muñecas. Pero no precisamente Barbies, sino muñecas de trapo vestidas de colores, con pelos naturales, con alfileres, con leyendas... Sin poder evitar la atracción que me produce una de ellas, siento como un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Y ese escalofrío fue en aumento cuando, sin avisar, la puerta dió un portazo y se cerró.

Nunca supe si el escalofrío fue debido a una corriente de aire... tanto da... Solo sé que desde ese momento soy incapaz de escuchar la sola mención del vudú que hace que, de nuevo, vuelva a Nueva Orleans y a la visión de esas inocentes muñecas de trapo. Unas muñecas de trapo que, aun sin facciones, lograban que, sin poderlo evitar, el terror se hiciera con todo tu cuerpo...



lunes 25 de enero de 2010

Amor, de tarde



Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.

(Benedetti)

jueves 21 de enero de 2010

Seasons of love



525,600 minutes, 525,000 moments so dear. 525,600 minutes - how do you measure,
measure a year? In daylights, in sunsets, in midnights, in cups of coffee. In
inches, in miles, in laughter, in strife. In 525,600 minutes - how do you
measure a year in the life?
How about love? How about love? How about love? Measure in love. Seasons of
love.

525,600 minutes! 525,000 journeys to plan. 525,600 minutes - how can you measure
the life of a woman or man?

In truths that she learned, or in times that he cried. In bridges he burned, or
the way that she died.

It’s time now to sing out, tho the story never ends let's celebrate remember a year in the life of friends. Remember
the love! Remember the love! Remember
the love! Measure in love. Seasons of love! Seasons of love.


525,600 minutos, 525,000 momentos. 525,600 minutos - cómo mides un año?,
En dias, en atardeceres, en medianoches, en tazas de café, en pulgadas, en millas, en risas, en luchas
En 525,600 minutos - cómo mides un año en la vida?
Y qué hay del amor? Mide en amor. Estaciones de amor

525,600 minutos! 525,000 viajes que planear. 525,600 minutos - cómo puedes medir la vida de un hombre o una mujer?

En verdades que aprendió o en momentos en los que lloró. En puentes que quemó o en cómo murió

Ahora es tiempo de cantar, la historia no termina, vamos a celebrar el recuerdo de un año en la vida de nuestros amigos. Vamos a recordar el amor. Mide en amor. Estaciones de amor .

(traducción propia libre total)

lunes 18 de enero de 2010

Mrs Robinson



La semana pasada, y gracias a lo que algunos definen como una huelga de controladores encubierta, mi vuelo para Londres salía con retraso.
Cuando viajas mucho llega un momento en el que te acabas acostumbrando a que los vuelos no salgan en hora, parece que la paciencia también se entrena, así que decidí tomarme la espera con filosofía, conectar mi ipod y abrir, por fin, un libro que no fuera de trabajo.

En la puerta de embarque eramos pocos, supongo que salvo los que teníamos que viajar si o sí, las noticias sobre la ola de frío polar en Inglaterra le habían quitado las ganas de volar al más pintado, así que la espera se presentaba tranquila.

Según conecté mi ipod, antes incluso que sonara una sola canción, un joven que acabaría de dejar la adolescencia hacía dos colacaos, se dirigió hacia mí. Alto, desgarbado, de enormes ojos negros y con ese flequillo impertinente que pareciera imposible de domar. Se sienta a mi lado y me sonríe. Una de esas sonrisas de boca y ojos. Una de esas sonrisas de cuerpo entero . Yo le devuelvo la sonrisa pensando en que estando la sala de embarque vacía ya tiene delito que no respeten ni mi espacio vital. Pero como me parece algo maleducado moverme, simplemente me abstraigo y le doy al play.

No llevaría ni dos segundos de canción cuando nuestro joven se dirige a mí y me pregunta si sé a qué hora vamos a salir. Le contesto que no, pero que han prometido avisar pronto. Me vuelvo a poner el auricular y de, nuevo, doy al play.
En esta ocasión creo que pude escuchar la canción. La última que escuché en esa sala de embarque, porque nuestro protagonista decidió entablar conversación conmigo. Me empezó comentando que iba a Londres a ver a su hermano que vivía allí, que ya se iba a quedar un par de semanas, que estudiaba primero de periodismo (de esto no cabía la menor duda a razón del número de preguntas que me hizo durante nuestra conversación), que ultimamente viajaba mucho a la city, que hay que ver el rollo que son los retrasos, que cómo me llamaba, a qué me dedicaba, cuanto tiempo iba a estar en Londres, dónde, por qué... y mil cuestiones más.

Creo que ni me planteé ser asertiva y decirle que yo quería leer y escuchar música. Había algo en él que me lo impedía. Era como si me viese atrapada en el remolino de un río y fuese incapaz de salir. Empecé a hablar con él e inexplicablemente, a contarle mil cosas de mí.

En ese momento nos llamaron al embarque. Yo me quedé algo retrasada mientras ubicaba todas mis cosas en mi trolley. Al subir, desde un par de filas delante de la mía, me saludó. Cuando llegué a mi asiento en la fila 10, lo primero que hice fue ubicar el trolley, el bolso, la cámara y el abrigo en el maletero. Ya solo con el libro y el ipod me dispuse a pasar el vuelo lo mejor posible. Claro, que esto fue antes de que mi intrépido amigo Pablo (os he dicho que se llamaba así?) asomara su sonrisa multicolor por el pasillo y me dijera que tenía el asiento de al lado mío.

La verdad es que no fui muy rápida y no pregunté el por qué estaba situado dos filas por delante y ahora misteriosamente se reubicaba a mi lado, pero como tengo una personalidad adaptativa, decidí dejar el libro y el ipod en la bolsa del asiento delantero y prepararme a conversar durante dos horas con mi nuevo amigo.

He de deciros que las dos horas se me pasaron en un plisplas. Y que se pasaron de una forma muy agradable. Y por lo que intuyo, a Pablo le sucedió lo mismo. Porque antes de aterrizar me pidió mi teléfono y me dijo que le gustaría verme en Londres. Me dijo que conocía mil sitios donde podriamos ir a cenar, a pasear o a contemplar las estrellas. Y esto me lo decía destrozando mis defensas y mis prejuicios con esos enormes ojos negros y profundos que, curiosamente, me hacían sentir como si fuese una adolescente.

Y en ese momento, y aunque solo fuera durante un segundo, comprendí a las señoras Robinson, mujeres que, en ese instante decisivo, dejaron que una mirada joven les hiciera sentirse de nuevo niñas...

lunes 11 de enero de 2010

Pasarán las horas



El otoño de aquel año fue un otoño raro. Las temperaturas eran dulces, mucho más de lo que se podría esperar a finales de Octubre, y además el sol aparecía cada día con puntualidad británica dando como resultado días luminosos y claros en los que apetecía más pasear que ir a trabajar.

Con este panorama, la idea de ir a una reunión trimestral a la Costa Brava se planteaba bastante atractiva. A pesar de que los horarios solían ser maratonianos, podría ser muy agradable dar un paseo por la playa al final del día y disfrutar de los ultimos coletazos de ese verano tardío.

Al llegar al pueblo, como siempre, le sorprendió la luz del Mediterráneo. Esa luz que acariciaba sin molestar, que iluminaba las pequeñas viviendas de pescadores, el paseo, las barcas varadas en la costa.. tuvo que hacer un esfuerzo para recordar que iba a trabajar y que tenía que focalizar su pensamiento en las cifras de ventas del último trimestre, algo bastante menos dulce que la luz dorada que ya le daba la bienvenida.

El hotel era uno de esos hoteles con encanto que son muy agradables para un viaje de placer y que pueden convertir un viaje de negocios en una experiencia estupenda. A la entrada, una mujer joven, le dió la bienvenida y la llave de su habitación. La habitación era amplia y tenía un enorme ventanal con vistas al mar y una terraza desde la cual se podría disfrutar del atardecer.

Despues de deshacer las maletas, la cita obligada en recepción. Era una reunión internacional, así que tendría oportunidad de ver a compañeros europeos y practicar de nuevo su oxidado inglés. Le sorprendió ver un nombre en la lista de participantes. Alguien que hacía años que había dejado la empresa y que parece ser que había vuelto, como el turrón por navidad...

Estaba disfrutando de un vino blanco y del reencuentro con algunos amigos cuando le vió. No podría decirse que fuese un hombre guapo, tenía ese aspecto rosado de los ingleses que hacía que inmediatamente le asociara con uno de esos personajes secundarios de "Poldark". Sin embargo y a pesar de ello, resultaba atractivo, sobre todo por aquellos enormes ojos violeta, inteligentes, despiertos y que eran capaz de taladrar cualquier coraza.

Al ir a saludarle, alguien se interpuso en su camino. Y después, como si le hubiera tragado la tierra, no fue capaz de encontrarle. Inmediatamente alguien les asignó sala y a partir de ahí la tarde se convirtió en una sucesión de powerpoints, cifras, objetivos y estrategias.

Al terminar, sobre las seis, ella decidió dar una vuelta por esa maravillosa playa antes de cenar, así que cambió su casual smart por un vestido ligero, unas sandalias y un chal. Y en menos de lo que se tarda en parpadear, estaba sintiendo en sus pies la arena templada, respirando como si fuese la primera vez en su vida que lo hiciera e intentando guardar todas esas sensaciones en su disco duro.

Tras un largo paseo y, acercándose la hora de la cena, decidió volver. El cielo cada vez tenía menos luz y ese atardecer prometía ser de purisima y oro, como pintado por el mismo Vermeer, así que antes de dejar la playa, se sentó en la arena y se dispuso a disfrutar del espectáculo.

En ese momento sintió su nombre. Lo escuchó con ese acento característico de los ingleses del norte, lo escuchó como lo había escuchado mucho tiempo atras, en otro tiempo, en otro país. Al girar su cabeza le vió y le sonrió. Él simplemente se sentó a su lado y le agarró la mano. Y ese solo contacto físico le hizo volver a sentirse en casa. En esa casa que aunque visites poco, siempre será la tuya...



(para Begoña Area)

martes 29 de diciembre de 2009

21 dias



Hace unos meses, descubrí en televisión un programa titulado "21 días". En él, una periodista, Samanta Villar, vive una experiencia diferente en tramos de tres semanas. Y nosotros la seguimos con ella. Con ella hemos vivido 21 días en la calle, 21 días fumando porros, 21 días viviendo el lujo extremo, 21 días sin comer... y todos los reportajes han sido interesantes y, para mí, especialmente emotivo el que reflejaba su vida como una indigente.

Algunos le han acusado de pija oportunista que después de 21 días vuelve a su vida y solo hace esto para ganar fama. Yo, sinceramente, no lo creo así. Samanta me transmite que tras su rol de acompañante en situaciones extremas -o menos- hay una persona que se implica y que quiere contar al mundo lo que pasa.

Ayer, y por casualidad, porque era muy tarde de madrugada, ví su experiencia con Marlene, una mujer de 35 años con 5 hijos y un ex marido abusador, que trabaja extrayendo estaño en una mina en Bolivia. El reportaje está disponible íntegro en la web de cuatro.

Creedme si os digo que no he visto nada que me aterrorizara más nunca. El imaginar la situación de esa mujer, encerrada en vida, a veces 24 horas seguidas en un cubículo al que a duras penas puede acceder, sin luz (solo lo que alumbra su pequeño foco del casco), boca abajo, sacando con sus manos puñados de tierra en el que hay rastros de estaño por los que cobra 2 euros al día es una de las sensaciones más horripilantes que he podido imaginar. Con medidas de seguridad de hace cuatro siglos, teniendo que transportar sacos de 50kgs, sin poder bañar a los niños más que la cabeza una vez a la semana para que no enfermen del frío y aguantando las visitas nocturnas de su ex marido alcohólico, su vida dista mucho de la que debería tener un ser humano.

El reportaje me impactó, me escalofrió y me hizo llorar de pena y rabia. Y le agradecí al equipo de 21 días que nos lo mostrara. No por no ver las cosas no existen. Y me hizo pensar en todas las almas que, como Marlene, viven esas vidas que deberían estar prohibidas por ley. Y en pensar en que, aunque ayudar a Marlene no sea cambiar el mundo, logre, al menos, cambiar su mundo...

martes 22 de diciembre de 2009

Feliz Navidad!!!

A lo largo de estos meses he escuchado tantas veces que el 2009 ha sido un año muy malo que, por momentos, he llegado a creérmelo.
Sin embargo, esta percepción ha cambiado totalmente cuando durante estos días, he recopilado las sonrisas que han parado frente a mí cámara en este año para hacer este pequeño video con el que pensaba felicitaros las navidades.

Volver a ver esas imágenes de familia, amigos, compañeros de trabajo me ha hecho sentir bien y recordar los fantásticos momentos que he vivido en este año. Volver a sentir las miradas y las sonrisas de tantas almas frente a mí me ha hecho sentir privilegiada. De verdad.

Mil gracias a todos los que me habeis transmitido vuestro afecto y vuestro cariño a lo largo de este año. A los que estan a mi lado y a los que, sin estarlo, me sienten cerca. He intentado reflejar todo esto en este video, en el que no están todos los que son, pero sí son todos los que están. Todos los que han hecho que el 2009 haya sido un año maravilloso. Ahora solo espero que os guste y que sintais mi sonrisa al mirarlo.

Quisiera mandaros mis mejores deseos, un abrazo grande y todo el afecto que se pueda transmitir por el ciber espacio. Me habeis dado mucho. Gracias de nuevo.

Feliz Navidad


Maribel

domingo 8 de noviembre de 2009

El hombre que susurraba el lalaila



Esta es la historia de un hombre. Pero no la de uno cualquiera, sino de uno de esos que consagran su vida a una causa. Un hombre valiente y entregado a su suerte. Ya desde el nacimiento su destino estaba marcado, y lo estaba porque justamente en el paritorio contiguo, tenía lugar un fenómeno que admiraba a propios, extraños, médicos y enfermeras que transitaban el lugar. De hecho, un equipo de ufólogos se desplazó desde la base científica de Fort Laudaree (recordareís este nombre por ser uno de los lugares míticos desde donde se han emitido algunos especiales de cuarto milenio) para ser testigos en exclusiva del acontecimiento.

En ese frío día de diciembre del año 52, en una pequeña maternidad de una ciudad norteña, viene al mundo una niña. Una niña que venía de nalgas, y que presentaba un parto dificil. Dificil y que requirió de la ayuda de dos comadronas, tres médicos y cinco aguerridos marineros del puerto de Bermeo. Y estos fueron requeridos ya que lo primero que apareció junto a las nalgas fueros maromas de tamaño medio que a la postre resultaron ser unas trenzas enroscadas ambos lados de la cabeza simulando la esfinge de la Dama de Elche.

Gracias a este estupendo equipo de trabajo y tras certificar los ufólogos que no se trataba de ningún fenómento extraterrestre sino de una niña con abundantes atributos capilares, la niña pudo, al fin, descansar en la sala común de neonatos.

Y en ese lugar, en donde estaba situada la incubadora, al lado de la cual había una cesta de mimbre en la que las enormes trenzas estaban a la espera de que el peluquero de la maternidad (que había tenido que salir a pagar en canon de la sgae por su afición a cantar mientras cortaba el pelo)las dejara en un tamaño compatible con la ranita rosa de la niña, comenzó la magia...

En ese momento, un bebé regordete, con un cierto parecido a Jorge Cafrune (por la cantidad de pelo que poblaba su cabeza), giró la mirada y la vió. Y fue en ese preciso instante cuando se produjo el milagro: una notas y una frase vinieron a la cabeza de ese bebé al cruzar su mirada con la de la niña. Balbuceó, y de su boca se escuchó un sonido: la lalaila.

Poco podían sospechar en ese instante, que ese sonido les perseguiría el resto de sus vidas y que, daría un sentido a ese encuentro.

La infacia y la juventud de nuestros protagonistas que fueron bautizados con los nombres de Jorge y Estíbaliz, estuvo marcada por algunos momentos especiales. A ese primer la lalaila le siguieron varios miles más. Qué digo miles... millones... En el momento en que Jorge fue descubierto por una cadena de radio local cantando junto a Estíbaliz el tema que les catapultó a la fama y que llegó a ser top ten en el Reino Unido y nº 1 en USA llamado "Vacaciones en Getxo", su vida se transformó.
Mientras Jorge y Estíbaliz estaban de gira por la Capadocia turca, los directivos de esa pequeña cadena que se hizo con los derechos de la lalaila se reunieron y decidieron convertir a Jorge en el mejor especialista mundial en decir la lalaila. Esta reunión pasó a los anales de la historia tiempo después con el nombre de "el pacto de Barakaldo" y marcó el antes y el después en la carrera de ambos cantantes.

Al volver de la Capadocia, Jorge y Estíbaliz se dirigieron hacia los estudios de Radio Getxo que había sido en el mientrastanto absorbida (o absorta) por la MTV en una operación multimillonaria en la que el principal activo fueron nuestros queridos amigos, a hacer entrega a Iñaki Skilloso (Director general en funciones hasta que el Tommy Mottola viniera de Miami a hacerse cargo del puesto) de un bote de té de manzana, dos alfombras y una pipa de espuma de mar que le compraron en el Gran Bazar a una mujer española llamada Desideria que les contó una bonita historia sobre una pasión.
En ese momento, Iñaki les habló del proyecto: Jorge se entusiasmó con la idea y solo puso una condición: Estíbaliz iría con él allá donde fuera.

A partir de entonces, su vida fue un sindios. Dos master de la lalaila en Estados Unidos (uno en Yale con Dolly Parton de compañera y otro en Los Angeles en el que coincidió con Bob Dylan que a partir de entonces se convirtió en uno de sus mejores amigos y fue el padrino de los gemelos a los que bautizaron, en su honor, con los nombres de "Dust" e "In the wind"), uno en el Reino Unido en que tuvo de profesor de dicción al gran Engelbert Humperdick, y numerosos cursos por todo el mundo. En uno de ellos, realizado en Sudáfrica para profundizar sobre el la lalaila y los tambores tribales, fueron participantes activos en la resolución del apartheid, saliendo milagrosamente indemnes de la masacre de estudiantes de Soweto. Esto no pudo evitar, sin embargo, su paso por la cárcel en la que compartieron celda y rancho con Nelson Mandela y Steve Biko.

En este interin, Jorge llegó a tal grado de virtuosismo con el la lalaila que fue requerido para rodar en la India la segunda parte de "I am an indian and you are not" en la que no había la lalaila que no fuera cantado por Jorge. Tan famoso llegó a hacerse en India que se recuerda el famoso concierto de "Calcuta for Africa" que organizó Bob Geldorf y al que asistieron como invitados especiales la Madre Teresa, Lady Di y Dodi Al-Fayed en el que Jorge fue requerido para más de veinticinco bises de la lalaila y y que les convirtió en unos personajes muy queridos en el mundo asiático, llegandose incluso a tallar unas figuras en el templo de Kali con el cuerpo de Buda y el rostro de Jorge.

Como ocurre en algunas ocasiones, la sobredosis de fama les pasó factura. A su vuelta a Getxo, las multitudes se agolpaban a su paso, llegando incluso a descomponer una de las trenzas de Estíbaliz. En ese momento lo decidieron. Jorge cambió su nombre por el de Sergio y Estíbaliz se cortó las trenzas, optando por un peinado que posteriormente fue copiado por Michael Jackson, Boney M. y el 11888.

A partir de entonces, su vida fue más tranquila. En la sombra ya, y con un nuevo nombre artístico más discreto, Sergio (antes Jorge) y Estíbaliz se retiraron de toda la vida pública, se compraron un caserío apartado en el bosque de Urkiola y vivieron de los royalties de algunas canciones que se hicieron mundialmente famosas como "love me do", "samba lady", "lalala" y algunos temas de Camela, que se pueden encontrar actualmente dentro de del cd "canciones de gasolinera" en cualquier estación de servicio de Repsol, Campsa y Petronor.

En una entrevista reciente para el programa "vascos por el mundo", Sergio confesaba su nostalgia por aquellos días de gloria. Estíbaliz, ahora con el pelo a lo afro, le miraba arrebolada sin querer confesar el secreto. Un secreto que yo, amigo lector, conozco...
Sergio y Estíbaliz volverán en breve a la actualidad. No en vano, participarán, haciendo un cameo estelar, en la versión Bollywoodiense de CSI Bombay. Todos les esperamos con cariño, al fin y al cabo, nunca olvidaremos la dulzura con que Jorge cantaba el la lalaila...



miércoles 4 de noviembre de 2009

Enjoy the silence


Era una noche plenilunada, tranquila, relajante.
Una de esas noches en las que uno se reconcilia con el universo.
Era una noche silenciosa.
Y tan grande era el silencio que nada se escuchaba.
Nada, salvo el sonido de sus besos...

domingo 1 de noviembre de 2009

18 segundos

Hacía tiempo que un impacto visual no me ponía la piel de gallina...


18 segundos from Macgregor on Vimeo.



Jack, esta es Amy
Amy, este es Jack...

viernes 30 de octubre de 2009

Un buen día



Es curioso que una de las mejores cosas de viajar sea, paradójicamente, volver.
Después de una intensa semana en Burgos, la vuelta a mi casa, a mi colchón, a mi vida, ha sido absolutamente gratificante.
Y esta mañana, después de haber dormido de un tirón toda la noche, me levanto con ánimos para coger el coche e ir "de mandaos".

Así que comienzo con lo más prioritario: mi contractura muscular, esa que me ha hecho hasta ir al masajista del Burgos casi de urgencia... por ella me dirijo a la calle Ibiza tranquila y escuchando música.
Al aparcar, me quedo justo enfrente de una tienda de reparación de zapatos y decido pasar a ver si tienen algún par suelto de esos que son para la working girl....
No tienen, pero a cambio me compro unos de charol púrpura preciosos que no me pegarán con nada, como mis famosos botines verdes de Farroutx pero que harán que me sienta como Dorita chocándolos y haciendo estrellas y saltando por el camino de baldosas amarillas. Y eso es, sin duda, más importante que la combinación de colores.

Llego a Delfín, me sonríe y me dice que estoy guapisima de rubia. Recuerdo esa escena de la película Jonnny Guitar en la que este le decía a Joan Crawford la archiconocida frase: "Dime que me quieres aunque sea mentira" . Y pienso que, sea verdad o no, ya me gusta que me la digan.

Tras una hora de masaje y conversación, salgo como si me hubieran quitado tres kilos. Así que aprovecho este momento para dejar de un lado mi pereza e irme a la Boutique Nespresso (eso sí, haciéndo propósito de no dejarme influir por sugerencias cafetiles).

Llego a Velazquez y aparco en la puerta. En cinco minutos salgo con un surtido impresionante de café. Casi podría hacerle una suplencia al Nebraska. Así que decido volver a casa a tiempo para comer.

Al coger la desviación de mi casa, un inesperado atasco. Vaya, parece que la mañana se complica...
Abro la ventana y veo que han dejado solo un carril porque están segando el seto central.

Y allí, con una sierra eléctrica en la mano, estaba Él. Sí, Él. El chico del anuncio de la Coca Cola light. Y yo que pensaba que no existía!!!
Así que cuando paso a su lado, saco la cabeza por la ventanilla y le hago una seña con la mano. Sorprendido, se acerca un poco hacia mi coche para averiguar qué es lo que quiero. Cuando le tengo cerca le digo: "enhorabuena, el seto está quedando precioso. Mil gracias por tu trabajo" .

Él tarda en reaccionar un nanosegundo, pero inmediatamente me sonríe. Con tanta luz, que tengo que ponerme las gafas de sol.

El semáforo, de nuevo, se pone en verde y yo vuelvo a casa haciéndole el coro a los Planetas. Y pensando la suerte que tengo de haber tenido a los planetas, el sol y las estrellas en un mismo día...